La suerte de Jim by Kingsley AmisMy rating: 4 of 5 stars
La libertad se conquista con la palabra
Deliciosa lectura que demuestra que de un material costumbrista puede sacarse una emocionante aventura. No es una sátira del mundo académico, como prometía la sinopsis de la contraportada. La sátira está ahí, pero es un elemento más.
Las relaciones sentimentales, o el amor, ocupan un espacio considerable, y la resolución final es un final feliz; pero eso forma parte de una historia de superación. Al principio de la narración, el protagonista está supeditado, por necesidad, a los antojos de un personaje que él detesta, cumpliendo con encargos varios para que éste recomiende su contratación. Promesa vaga y costosa.
Detalles aparte, el meollo de la cuestión es que Dixon vive con demasiadas privaciones, imposiciones y ataduras, complaciendo a los demás. Pero poco a poco se va librando del peso. El clímax de esa emancipación se produce paradójicamente durante la conferencia destinada, en principio, a agradar a quien se aprovecha de él, el decadente Welch, quien eligió el tema. La palabrería con la que Dixon llenará el tiempo es propia de aquel. El acto resulta ser bastante accidentado. Más que miedo escénico, lo que se apodera del conferenciante es el terror que acompaña su salida del yugo.
Cito (p. de 296 a 299) : "Comprendió que algo no iba bien. Había seguido empleando las frases hechas de Welch. (...) en un intento parcialmente inconsciente de hacer que aquello sonara bien (es decir, aceptable a Welch) (...) Sudando y sonrojándose, se empeñó en avanzar un poco más, sin dejar de oír la entonación de Welch aferrándose a su propia voz, momentáneamente incapaz de despojarse de ella. (…) relajó la boca para encontrar un tono lo más alejado posible del de Welch. (…) Tuvo conciencia por segunda vez de que algo iba muy mal. Fue unos instantes antes de percatarse de que ahora estaba imitando al decano. (…) Parecía haber olvidado cómo hablar normalmente. Esta vez eligió un acento exageradamente norteño, por parecerle el menos susceptible de resultar ofensivo o parecerse a la voz de nadie. (…) Haría algo. No más imitaciones; pero podía sugerir, por su entonación, lo que pensaba de su tema y del valor de las afirmaciones que estaba haciendo. Gradualmente, empezó a infundir en su tono una amargura sarcástica e hiriente. Nadie que estuviera en sus cabales, intentaba dar a entender, podría tomarse en serio una sola frase de este bodrio tedioso, conjetural, falso y baladí. La cabeza le daba vueltas. Empezó a puntuar su discurso con resoplidos de hilaridad. Alzaba la voz cada vez más.” Al final se desmayó, bajo la presión de su lograda gesta. Ha ido distanciándose del discurso impuesto; se ha rebelado contra las voces pegajosas que ahogaban la suya propia.
Los personajes secundarios tiene rasgos distintivos. El más memorable es Atkinson, siendo su peculiaridad un desprecio concienzudo y permanente que todo lo abarca.
El humor de Amis (padre) es sutil. Los momentos más absurdos recuerdan al mejor Tom Sharpe. Me hizo reír repetidas veces. Debe de ser el humor british de que hablan, porque está también en otro inglés, Alan Bennet (Una lectora nada común).
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